Algunas tardes de otoño el mar se sale de la orilla. Alcanza los dominios de la arena y hace olitas... como para disimular.
En estos pequeños mares también se refleja el sol. Y uno puede imaginar a seres diminutos mirando el charquito como si fuera un océano, que lo mismo aparece que desaparece,... de un día para otro.
En otoño e invierno el sol se pone frente a las casas de los pescadores de San Miguel y la Fabriquilla. La torre de la iglesia estira su sombra y casi alcanza las salinas. Algunas aves empiezan a pensar en su particular mudanza hacia climas aun más cálidos.
Estas luces son inconfundibles. Estamos frente al mediterráneo.